Jueves , 23 noviembre 2017
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Inversión en la tierra prometida

Lejos de la crisis de gobernabilidad, los gases lacrimógenos, las protestas gremiales, la inmanejable congestión del tránsito y la abrumadora inseguridad ciudadana capitalina, hemos recorrido  algunas provincias situadas en la Amazonía, aspirando el aire puro y  cálido del trópico, para dialogar con los productores de café, cacao y arroz, y, además, recorrer algunas plantaciones de piñas, plátanos y naranjas, recargándonos de energía en las riberas de ríos, cochas, represas y estanques, donde la gente de estos lugares paradisíacos cría sábalos, paiches, tilapias, gamitanas, pacos  y boquichicos.

  • Nos hubiera gustado conversar a orillas del lago “Yarinacocha”, en Pucallpa, alrededor de un “Siete Raíces” con hielo, con el Ing. Luis Huerto Milla, para conocer los detalles de la crianza en libertad de añujes, picuros, majaces, sajinos, venados y charapas, que constituyen “la carne de monte”, tan apreciada en la gastronomía de estas tierras, pero nos faltó tiempo. Asimismo, hubiéramos querido ir a Iquitos, para aprender del Ing. Luis Campos Baca, detalles de cómo mejorar el rendimiento de la producción acuícola  de  las especies  amazónicas (de las que tenemos 280 registradas); el uso sostenible de los bosques, la flora y la fauna;  y cómo  se debe proceder para mitigar el cambio climático  en actividades vinculadas al uso del suelo y manejo del bosque.
  • ¿Está llamada la selva a convertirse en la tierra prometida para las inversiones? A los conservacionistas no les gusta la idea que alguien ingrese a ese territorio, mucho menos con carreteras, vehículos, barcos y aviones, y siempre están dispuestos a esgrimir un sinfín de razones para demostrar que aquello constituye un atentado contra el medio ambiente y la población allí existente. Si acudieran a la pizarra, como lo hacía el arquitecto Fernando Belaúnde Terry cuando quería definir la Carretera Marginal, verían que  casi la mitad (45%) e la selva tiene destino y no se puede disponer de ella: 23% corresponde a “territorios indígenas” y 22% a áreas naturales protegidas. Según AIDESEP, el derecho al título territorial debe incluir, el suelo, el subsuelo y el vuelo forestal, lo que a nuestro juicio excede la Constitución de la República.
  • Después de conocer ese “reparto” del territorio amazónico, en lo que queda se dan todas las formas de propiedad y posesión, y en ellas hemos encontrado a  pequeños propietarios y arrendatarios de tierras, algunos asociados a cooperativas, que   en menos de una década han convertido al Perú en una potencia cafetalera y cacaotera.  Hace 13 años hablar mal  de  los narcotraficantes y de la  coca en Bellavista, Huallaga, Picota (San Martín)  y otros pueblos ribereños   era poner en riesgo la vida; con buen criterio la autoridad buscó priorizar los cultivos alternativos  y hoy asistimos al denominado “milagro” de San Martín, al que sigue “el  boom del cacao” en Ucayali.
  • En la última década, Acopagro, dirigido por Gonzalo Ríos, pasó de cultivar 300 hectáreas de cacao a tener 40,000 hectáreas cultivadas con este producto. Se inició vendiendo en el país 50 mil dólares, ahora cierra cada año con exportaciones superiores a los US$ 50 millones, de las que el 95% es adquirido por Barry Callebaut, principal productor de chocolate del mundo.
  • Habrá tiempo para hablar de las empresas forestadoras y reforestadoras, entre ellas Reforestadora Amazónica, que dirige Felipe Koechlin, la única en el país que tiene certificación FCC, la más importante en el mundo, para  plantaciones de capirona y copaiba.
  • El 2011 exportamos US$ 1,576 millones en café, liderando la tabla Perales Huancaruna con US$ 143 millones pero luego el ataque de la roya  ha disminuido la producción en 13 de las 17 regiones productoras. A esta actividad se dedican 220,000 productores en 380 distritos, quienes cultivan 330,000 hectáreas. Somos un referente a nivel mundial en cafés especiales  y  el segundo productor de café orgánico.
  • Existe una enorme lista de áreas de inversión agrícola, ganadera, acuícola, forestal, agroturística, maderera, agroindustrial, donde se puede realizar proyectos de explotación racional, respetando el medio ambiente y los derechos de los pueblos allí existentes, los mismos que tienen una generosidad y una amplitud de criterio muy distante a los de otras regiones.
  • ¿Qué falta en la Selva? Inversión estatal para mejorar la educación primaria, secundaria, universitaria, técnica y bilingüe. Servicios de salud (hospitales, postas médicas), infraestructura vial (carreteras, caminos de penetración), saneamiento (agua potable, desagüe), electricidad, puertos, aeropuertos, transferencia de tecnología; mejores comunicaciones que integren a los pueblos; y fundamentalmente, seguridad ciudadana.
  • En el camino de convertir al Perú en una potencia agroexportadora, la Selva es efectivamente un paraíso.

 (Julián Cortez Sánchez)

 

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